sabato 15 agosto 2009

El Verano en Roma: "Nos vemos en septiembre"

Durante el verano en Roma uno tiene la impresión de atestiguar un éxodo ritual. Quien se queda en la ciudad -como es casi siempre mi caso- mira asfixiado por el calor cómo a medida que se acerca agosto los negocios van cerrando, dejando a la puerta un cartel en el que se anuncia "nos vemos en septiembre".

Por un mes todo funcionará a la mitad de su velocidad normal, y algunas cosas no funcionarán en absoluto. Por un mes la vida parece suspendida.La mayoria de restaurantes y negocios cierran y el personal del servicio público parece reducirse a la mitad, porque para los italianos las vacaciones en agosto son una necesidad tan irrenunciable como los días libres en navidad. Por supuesto, esto tiene consecuencias exasperantes para quien está acostumbrado al ritmo incesante con que se vive en la mayoría de los países, pero hay algo en esta especie de hibernación al revés que la hace más que una burda celebración nacional de la pereza.


Considerando nuestros ritmos, y todo lo que podemos -y a veces debemos- hacer en un solo día, un mes entero de plácida parálisis parece demasiado. Inevitablemente, quien vive sus primeros veranos en Italia se sorprende de que en un pais industrializado la actividad economica pueda detenerse de este modo. Estamos acostumbrados a tener todo, siempre.


Después de un tiempo uno comienza a molestarse cada vez menos por los restaurantes y negocios cerrados y ve el verano de un nuevo modo: como una oportunidad no sólo para relajarse, sino para pactar un armisticio con la vida y con uno mismo y para reflexionar. Incluso para quien no va a la playa, hay algo de espiritual en la paz de las calles desiertas y en la poquísima tensión con que se vive la vida en estos días. "Esta mañana en la metro" me dijo Marcelo, un amigo argentino, "en lugar de ver tipos de traje, vi muchachas que iban a la playa con shorts y remera; es esto que debería ser la vida".


El verano toca su punto culminante el quince de agosto con Ferragosto, una festividad de orígenes romanos. Desde la noche anterior las personas acampan en la playa, comen carne a las brasas y cantan."Es un poco extraño", me dice Danilo,que se ha quedado también en Roma este año,"Es la primera vez que paso un Ferragosto en la ciudad." Para él, como para la mayoría de los italianos, éste es el dia obligatorio para celebrar el verano y su portentosa vitalidad y para comenzar a pensar en la tregua que termina y nos llevará de vuelta al trabajo, a la escuela y, dentro de algunos meses, al fin de año.

Imagen: "Cerrado por vacaciones". Tomada del sitio videotorino.blogosfere.it

1 commento:

  1. Mi estimadísimo Raúl, como siempre me delicio con tu agradable escritura. Lo que sientes en el agosto romano yo lo viví al revés, llegando a México. Acosumbrado en Brasil a las vacaciones de 30 días, que pueden o no ser en agosto (las largas son, más bien, entre enero y marzo, el verano de allá), extrañé el ritmo no necesariamente más fuerte, sino distinto de México. Aquí, en tu tierra natal y mía adoptiva, las vacaciones de una semana buscan el resto de los descanzos necesarios al cuerpo y al alma en los múltiples "puentes", que son una especie de bálsamo desordenado y, creo, no igual de eficientes que 30 largos días lejos de tu cotidianeidad.
    Salgo al rato para Frankfurt, lástima que, al menos ahora, no puedo ir a verte en Roma, pero lo haré lo pronto que pueda.
    Recibe un fuerte abrazo y felicidades por ambos blogs, acabo de escuchar a Ella Fitzgerald y no sé si los gatos lo hagan, pero yo sí, me pegué a la bocina...

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